Sobre este Blog

Buena parte de los pacientes que nos llegan a los analistas junguianos, psicoanalistas, psicólogos, psiquiatras y médicos, padecen de depresión. No es raro que esto suceda si se tiene en cuenta que unos 350 millones de personas sufren de esta enfermedad en el mundo. La depresión reduce la capacidad de las personas para enfrentar los retos de la cotidianidad, y ocasiona el deterioro de las relaciones familiares, laborales y sociales. Dentro de las causas para desencadenarla se combinan múltiples factores: genéticos, biológicos, psicológicos y sociales. También pueden contribuir a gestarla situaciones difíciles de la vida, como los duelos de todo tipo, el desempleo, el abuso temprano, los conflictos familiares. Los tratamientos que se recomiendan son igualmente variados, desde modificaciones en el estilo de vida para los casos más leves, hasta los psicoanálisis (no sólo junguianos), psicoterapias y medicamentos, en casos más severos. A pesar de lo anterior, se trata aún de una enfermedad muy poco conocida. Este blog intenta contribuir a divulgar información sobre ella, desde todos los enfoques; pensamos que una crisis mundial como esta necesita de todo tipo de miradas. Hasta la de humor...

domingo, 28 de mayo de 2017

Entre deprimidos y felices

Por:  Editorial - Tomado de El Tiempo | 6 de marzo de 2017
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Ya es hora de levantar el velo a la depresión y ubicarla en su verdadera dimensión.

La depresión es hoy la enfermedad mental más común, tanto que su incidencia creciente –tiene a 322 millones de personas enfermas en el mundo– ha desplazado a otros trastornos más publicitados, como la ansiedad y el estrés; condiciones que, sumadas a las pérdidas ocasionadas por este mal, en términos de recursos y vida saludable, tienen en alerta a las autoridades sanitarias del planeta.

No en vano, los investigadores la califican de pandemia silenciosa y otros, más coloquiales, la llaman la ‘gripa psicológica’, dada su cotidiana presencia en todos los niveles de la sociedad. En Colombia, por ejemplo –según la Organización Mundial de la Salud, que acaba de publicar un inquietante informe al respecto–, 4,7 por ciento de la población convive con este diagnóstico. Unas décimas por encima del promedio mundial (4,4 por ciento), con lo cual nadie puede quedar tranquilo.

Esto, en razón a que estudios locales y voces autorizadas, como la de la Asociación Psiquiátrica de América Latina (Apal), aseguran que bajo este promedio se esconde una realidad mucho más dramática, sobre todo en niños, ancianos y mujeres, en los que estas cifras pueden alcanzar rangos de entre el 13 y el 19 por ciento, con el agravante de que solo uno de cada diez de estos enfermos recibe el tratamiento que requiere.

Y aunque resultaría fácil buscar los responsables en el sistema de salud, que, dicho sea de paso, sí presenta evidentes grietas en la forma de atender a esta población, lo cierto es que la marcada estigmatización que padecen estos enfermos, en un país que se jacta de estar en el podio de los más felices, pesa más en el momento de atacar de frente tan grave problema. Todo porque las víctimas prefieren callar y padecer en solitario esta tragedia, que muchos les minimizan al considerarla un mero quiebre de la voluntad.

Ya es hora de levantarle el velo a la depresión, limpiarla de eufemismos y ubicarla en su verdadera dimensión. Solo así se podrán frenar sus crecientes daños, que, de cualquier manera, ya nos afectan a todos.

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