Sobre este Blog

Buena parte de los pacientes que nos llegan a los analistas junguianos, psicoanalistas, psicólogos, psiquiatras y médicos, padecen de depresión. No es raro que esto suceda si se tiene en cuenta que unos 350 millones de personas sufren de esta enfermedad en el mundo. La depresión reduce la capacidad de las personas para enfrentar los retos de la cotidianidad, y ocasiona el deterioro de las relaciones familiares, laborales y sociales. Dentro de las causas para desencadenarla se combinan múltiples factores: genéticos, biológicos, psicológicos y sociales. También pueden contribuir a gestarla situaciones difíciles de la vida, como los duelos de todo tipo, el desempleo, el abuso temprano, los conflictos familiares. Los tratamientos que se recomiendan son igualmente variados, desde modificaciones en el estilo de vida para los casos más leves, hasta los psicoanálisis (no sólo junguianos), psicoterapias y medicamentos, en casos más severos. A pesar de lo anterior, se trata aún de una enfermedad muy poco conocida. Este blog intenta contribuir a divulgar información sobre ella, desde todos los enfoques; pensamos que una crisis mundial como esta necesita de todo tipo de miradas. Hasta la de humor...

martes, 9 de agosto de 2016

Encuentran genes relacionados con la depresión

Por:  Nature | 7:46 p.m. | 15 de julio de 2015
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Un gen tendría que ver con fabricación de estructuras generadoras de energía llamadas mitocondrias.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford (Reino Unido) encontró que dos secuencias genéticas están vinculadas a la depresión.

Según la publicación en la revista Nature, el investigador líder del proyecto Jonathan Flint fue el más sorprendido con este descubrimiento, porque él mismo reconoció que sería difícil encontrar las secuencias genéticas relacionadas con la depresión.

En su trabajo Flint analizó a 5.303 personas con depresión. Junto a Kenneth Kendler, psiquiatra de la Universidad de Virginia Commonwealth en Richmond, trabajaron con mujeres de la China, debido a su gran población y a que se cree que el tema no está muy bien diagnosticada allí.

La investigación consistió en analizar el ADN de 5.303 mujeres chinas, el 85 por ciento de ellas tenían una forma grave de la enfermedad llamada la melancolía.

El análisis del ADN arrojó dos secuencias genéticas que parecían estar vinculadas a la depresión, situados en el cromosoma 10: Sirt 1 (Sirtuina) y LHPP Fosfolisina Fosfohistidina). El primero implicado en la fabricación de pequeñas estructuras generadoras de energía llamadas mitocondrias. Se ha visto que los pacientes con depresión tienen más ADN mitocondrial.

Las correlaciones fueron confirmadas en otro conjunto de más de 3.000 hombres y mujeres deprimidas y más de 3.000 controles.

La conexión mitocondrial concuerda con trabajos previos, incluidos algunos de LAB3 de Flint, que habían vinculado alteraciones mitocondriales a la depresión.

Flint y su grupo se preguntan si limitar el análisis a las personas con depresión particularmente severa podría cambiar las cosas.

La esperanza es que a medida que se encuentran más enlaces genéticos, se tengan no solo mejores diagnósticos sino también soluciones farmacológicas.

El éxito de Flint puede dinamizar esa búsqueda, dice Patrick Sullivan, especialista en genética psiquiátrica en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. “Hemos tenido que aprender a no escuchar mucho que nuestros críticos”, agrega: “si nos escuchamos a la gente diciendo que lo que estamos haciendo es estúpido, habríamos detenido hace años”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula en el mundo hay más de 350 millones de personas con depresión. Como consecuencia de esta situación, cada año se suicidan cerca de un millón de personas.

Nature

sábado, 12 de diciembre de 2015

Terapia Ocupacional y depresión: Reconstruyendo vidas

Por Ashley Opp. Tomado de AOTA

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Traducido del inglés por Juan Carlos Alonso

La proliferación de los comerciales para diversos medicamentos antidepresivos ha convencido a muchos estadounidenses que la gestión de la depresión es tan simple como tomar una pastilla. Aunque la medicación puede ser un componente importante del tratamiento de la depresión, los profesionales de terapia ocupacional pueden ayudar a las personas con depresión a reestructurar sus vidas diarias, encontrar sentido a las ocupaciones diarias, y redefinir su sentido de identidad.

¿Qué es la depresión?

"Desde la perspectiva de la terapia ocupacional, las personas con depresión típicamente no tienen la energía o el manejo para participar en las cosas que son importantes para ellos", dice Lisa Mahaffey, MS, OTR / L, una terapeuta ocupacional del Hospital Linden Oaks en Naperville, Illinois. Los síntomas, dice, dependen de la edad de uno. Los niños con depresión tienden a conectarse con la ira y se centran en su incapacidad para hacer las cosas. Otros signos de depresión incluyen aferrarse a los padres, el miedo a la muerte de los padres, y la negativa a ir al colegio. Los adolescentes con depresión suelen ser socialmente evitativos, muy irritables o enojados, y, a veces expresan pensamientos suicidas a amigos o familiares. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (2003), el suicidio es la tercera causa de muerte en los adolescentes.

Los adultos tienen síntomas más variados en la depresión. Al igual que los adolescentes, dejan de participar en sus roles de ocio, familia y mantenimiento del hogar. Esta falta de energía también puede afectar su trabajo, si es que están  trabajando. Los adultos con depresión tienen dificultades para levantarse de la cama, vestirse, cuidar de sí mismos personalmente, resolver problemas, participar en actividades, o salir con los amigos. "Pueden ser señalados de tristes, irritables y faltos de atención a los detalles, tales como echar a perder las tareas de administración de dinero, o no recordar citas o fechas importantes", dice Mahaffey.

Para la población de adultos mayores, la depresión se manifiesta más como síntomas físicos. "Estos síntomas somáticos incluyen dolores de cabeza, dolores de estómago, o quejas del intestino y la vejiga, que después de muchas evaluaciones se determina que están vinculados a la depresión y a la ansiedad", dice Mahaffey. Algunos adultos mayores están demasiado ansiosos para salir de la casa, lo que puede ser un síntoma de la depresión. Un adulto mayor se puede romper la muñeca o la cadera y, a diferencia de personas más jóvenes, ser incapaz de adaptarse o ver la fractura como una interrupción temporal en su vida. En cambio, la reacción es desanimarse y estar cada vez más temerosos de las caídas. Este miedo lleva a la inactividad, a bajar la resistencia y la flexibilidad, y a un mayor aislamiento, que, paradójicamente conduce a un aumento del riesgo de caídas adicionales y a mayores grados de depresión.

Los adultos mayores que están deprimidos, a menudo experimentan una culminación de pérdidas, no sólo de seres queridos, sino a veces de salud. La depresión se correlaciona con la pérdida de independencia, y las tasas de depresión se disparan cuando la gente es internada en instituciones, en particular hogares de ancianos y hospitales. Según el Instituto Nacional de Salud Mental (2007), las personas de 65 años de edad y mayores representan sólo el 12% de la población estadounidense, pero representaron el 16% de los suicidios en el año 2004.

¿Qué causa la depresión?

Las causas de la depresión varían. Para algunas personas, la depresión es causada exclusivamente por la disminución de neurotransmisores en el cerebro, y puede ser genética. Para otros, "la causa pueden ser los eventos la vida -la imposibilidad de obtener la satisfacción de sus relaciones, o experiencias de vida que no pudieron ofrecerles los conocimientos necesarios para gestionar y hacer frente a sus responsabilidades", dice Mahaffey. "Sin embargo, se puede argumentar que, aunque algunas formas de depresión se pueden remontar a acontecimientos de la vida de una persona, los patrones de pensamiento de las personas con depresión afectan la capacidad del cerebro para producir neurotransmisores. Hay una conexión mente-cuerpo, lo que podría ser la razón por la cual la gente responde muy bien a los medicamentos antidepresivos que aumentan los neurotransmisores, lo que les permite participar en otras formas de terapia y de desarrollo de habilidades. "Estos a su vez pueden reducir la necesidad de medicamentos.

¿Cómo puede ayudar la Terapia Ocupacional?

Los terapeutas ocupacionales pueden examinar los roles de vida que son importantes para los pacientes con depresión y ayudar a adaptar sus responsabilidades para darles la oportunidad de participar y ganar un sentido de logro. "Por lo general exploro sobre las funciones importantes para un paciente -trabajador, estudiante, miembro de la familia, amigo, aficionado- y hablamos de cómo todos esos papeles tienen una serie de responsabilidades que, cuando los desempeñaba, tenían un resultado que era deseable y gratificante", explica Mahaffey.

Los profesionales determinan luego lo que interfiere con la capacidad de una persona para cumplir con esas responsabilidades, tales como trabajar hasta tarde todos los días, o desarrollar tareas abrumadoras de trabajo. "A veces hay que descomponer las tareas. Por ejemplo, podría tener una madre que necesite identificar algunas comidas simples y hacer una lista de compras que le permitan tener sus niños alimentados mientras ella trabaja su depresión ", dice Mahaffey.

La autoestima y la identidad también juegan un papel importante en el manejo de la depresión. "Miro la autoestima desde la perspectiva de cómo las elecciones que hacemos en nuestras vidas  impactan nuestra forma de pensar, y por lo tanto, cómo nos sentimos acerca de nosotros mismos", dice Mahaffey. Los médicos pueden hablar con los pacientes acerca de la estructuración del día y la sustitución de malos hábitos por otros mejores. Por ejemplo, ¿qué pueden hacer las personas con depresión para llenar y estructurar todo ese tiempo que previamente lo pasaba solo, tal vez en cama o enfrente de la televisión?

Los terapeutas ocupacionales pueden ayudar a las personas con depresión a examinar cómo equilibrar el ocio, el trabajo y las relaciones interpersonales. "Nos fijamos en la estructura diaria e incluimos ciertas ocupaciones y estrategias para asegurar que los pacientes sigan ciertas pautas, de manera que cumplan las responsabilidades de funciones que tengan sentido para ellos", dice Mahaffey.

Un ejemplo de caso

En un caso atípico, un hombre de 45 años de edad, muy inteligente, había comenzado un negocio exitoso. Tenía una hija y un buen matrimonio. "Él entró en el hospital deprimido y con ideas suicidas y no podía entender la causa, ya que su vida iba tan bien", dice Mahaffey. Ella le hizo una Entrevista sobre la Historia Ocupacional de Rendimiento (Keilhofner, et al., 1997) y una lista de comprobación de intereses. "Juntos, nos enteramos de que en toda la primera parte de su vida se había fijado metas, y siempre trabajó duro para cumplirlas. Había llegado a un punto de su vida en que había cumplido cada meta que se había propuesto, y ya no podía obtener más significados en ese momento", dice Mahaffey. El paciente identificó la pintura al óleo como un interés del pasado, pero al cual había renunciado. Todavía tenía los materiales, por lo que, con el estímulo de Mahaffey, se puso el objetivo de sacarlos y pintar algo para su casa. Un año y medio más tarde, tuvo la inauguración de una galería.

Aunque el caso de este paciente es inusual, demuestra lo estrechamente ligada que está la ocupación de actividades que la gente tiene, a su sentido de propósito e identidad, y aquí es en donde prospera la terapia ocupacional. Como Mahaffey dice, "La terapia ocupacional está en una muy buena posición para ayudar a las personas a desarrollar sus identidades profesionales y a comenzar a conseguir satisfacción con lo que hacen."

Encontrar un Profesional de Terapia Ocupacional 

Los médicos y otros profesionales del campo médico pueden informar sobre los profesionales de terapia ocupacional. Aunque la mayoría de los profesionales de terapia ocupacional que se especializan en el trabajo de la depresión están en el ámbito hospitalario, si está viendo a un psiquiatra puede solicitar una remisión a un terapeuta ocupacional.

References

Centers for Disease Control and Prevention. (2003). Suicide among youth . Retrieved September 20, 2007, from http://www.cdc.gov/healthmarketing/entertainment_education/tips/suicide.htm
Keilhofner, T., Mallinson, T., Crawford, C., Novak, M., Rigby, M., Henry, A., & Walens, D. (1997 ). A user’s guide to the Occupational Performance History Interview-II (OPHI-II) (version 2.0). Chicago: Model of Human Occupation Clearinghouse, Department of Occupational Therapy, College of Applied Health Sciences, University of Illinois at Chicago.
National Institute of Mental Health. (2007). Older adults: Depression and suicide facts . Retrieved September 18, 2007, from http://www.nimh.nih.gov/health/publications/older-adults-depression-and-suicide-facts.shtml

sábado, 22 de agosto de 2015

Medicación para la ansiedad: lo que usted necesita saber acerca de estos medicamentos

Por Melinda Smith, M.A., Lawrence Robinson, and Jeanne Segal, Ph.D - Última actualización: Agosto de 2015. - Tomado de Helpguide.com 

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                                                 Traducido del inglés por Juan Carlos Alonso

Los medicamentos pueden aliviar algunos de los síntomas de la ansiedad, pero no curan el problema de fondo y por lo general no es una solución a largo plazo. Estos medicamentos vienen también con efectos secundarios y preocupaciones de seguridad, tales como el riesgo de adicción. Con el fin de decidir si la medicación es la adecuada para usted, es importante sopesar los beneficios de los medicamentos contra los inconvenientes. Una vez que usted haya investigado sus opciones, incluyendo otras terapias y cambios de estilo de vida que pueden ayudar, se puede tomar una decisión informada.

Comprender la medicación para la ansiedad

Esta información no pretende ser un sustituto del acompañamiento médico. Si usted está tomando un medicamento para la ansiedad, ¡no cambie su dosis sin consultar a su médico!

Se utilizan muchos tipos diferentes de medicamentos en el tratamiento de los trastornos de ansiedad, incluidos los medicamentos tradicionales como las benzodiazepinas, y opciones nuevas como los antidepresivos y los betabloqueantes.

Estos medicamentos pueden ser muy efectivos, pero no deben ser considerados una cura. Tales ansiolíticos pueden proporcionar un alivio temporal, pero no tratan la causa subyacente al trastorno de ansiedad. Una vez que usted deja de tomar el medicamento, los síntomas de la ansiedad a menudo regresan con toda su fuerza.

Es importante también ser conscientes de los riesgos de la medicación para la ansiedad. Tales medicamentos pueden causar una amplia gama de efectos secundarios desagradables y a veces peligrosos. Muchos de estos medicamentos son también creadores de hábito y físicamente adictivos, por lo que es difícil dejar de tomarlos una vez que haya comenzado.

El tema de fondo

Si usted tiene una ansiedad que es lo suficientemente grave como para interferir con su capacidad de funcionar, la medicación puede ser adecuada para usted. Sin embargo, muchas personas utilizan ansiolíticos cuando funcionarían igual de bien o mejor estrategias como la terapia, el ejercicio, o la autoayuda, sin los efectos secundarios y riesgos que acompañan los primeros.

Las estrategias de terapia y autoayuda pueden ayudarle a llegar al tema de fondo subyacente a sus problemas y desarrollar las herramientas para vencer la ansiedad para siempre. Así, aunque el tratamiento farmacológico puede ser beneficioso, no es de ninguna manera es la única respuesta. Hay otros métodos de tratamiento eficaces que se pueden tomar, además de los medicamentos o en lugar de ellos. Usted debe evaluar sus opciones y decidir qué es lo mejor para usted.

Medicación para la ansiedad (tranquilizantes / benzodiazepinas)

Los medicamentos anti-ansiedad, también conocidos como tranquilizantes, son drogas que alivian la ansiedad porque desaceleran el sistema nervioso central. Sus efectos relajantes y calmantes se han hecho muy populares: son el tipo de los medicamentos más ampliamente prescritos para la ansiedad. También se prescriben como pastillas para dormir y relajantes musculares.

Las benzodiazepinas son la clase más común de los ansiolíticos. Ellos incluyen:
  • ·             Xanax (alprazolam)
  • ·             Klonopin (clonazepam)
  • ·             Valium (diazepam)
  • ·            Ativan (lorazepam)
Las benzodiazepinas actúan típicamente rápido, trayendo alivio entre treinta minutos a una hora luego de tomados. Debido a la rapidez con que trabajan, estos medicamentos son muy eficaces cuando se toman durante un ataque de pánico o un episodio de ansiedad abrumadora. Pero a pesar de sus potentes efectos contra la ansiedad, tienen sus inconvenientes.

Efectos secundarios de los medicamentos anti-ansiedad

La medicación contra la ansiedad como las benzodiazepinas actúan reduciendo la actividad cerebral. Si bien esto alivia temporalmente la ansiedad, también puede dar lugar a efectos secundarios no deseados.

Cuanto mayor sea la dosis, más pronunciados suelen llegar a ser estos efectos secundarios. Sin embargo, algunas personas se sienten soñolientas, brumosas, y descoordinadas, incluso en dosis bajas de benzodiacepinas, lo que les puede causar problemas en el trabajo, la escuela o en actividades cotidianas como conducir. Algunos incluso sienten una resaca al día siguiente de tomar los medicamentos.

Debido a que las benzodiazepinas se metabolizan lentamente, el medicamento se puede acumular en el cuerpo cuando se utiliza durante períodos de tiempo más largos. El resultado es la sedación excesiva. Las personas que están sobre sedadas pueden parecer como si estuvieran borrachas.


Efectos secundarios más comunes de las benzodiazepinas o tranquilizantes
- Somnolencia
- Falta de energía
- Torpeza
- Reflejos lentos
- Dificultad para hablar
- Confusión y desorientación
- Depresión
- Mareos, aturdimiento
- Deterioro del pensamiento y el juicio
- Pérdida de memoria, falta de memoria
- Náuseas, malestar estomacal
- Visión borrosa o doble


Las benzodiazepinas también están asociadas con la depresión. Los usuarios a largo plazo de las benzodiazepinas están a menudo deprimidos, y con dosis más altas se cree que aumenta el riesgo de síntomas depresivos y pensamientos y sentimientos suicidas. Por otra parte, las benzodiazepinas pueden causar embotamiento emocional o atontamiento. El medicamento alivia la ansiedad, pero también bloquea los sentimientos de placer o dolor.

Efectos paradójicos de la medicación anti-ansiedad

A pesar de sus propiedades sedantes, algunas personas que toman ansiolíticos experimentan una excitación paradójica. Las reacciones paradójicas más comunes son el aumento de la ansiedad, irritabilidad y agitación. Sin embargo, también pueden ocurrir efectos más severos, incluyendo:
  • ·         Manía
  • ·         Hostilidad y rabia
  • ·         Comportamiento agresivo o impulsivo
  • ·         Alucinaciones
Aunque es poco común, estos efectos adversos son peligrosos. Las reacciones paradójicas a estos ansiolíticos son más comunes en los niños, ancianos y personas con discapacidades de desarrollo.

Preocupaciones de seguridad de los medicamentos anti-ansiedad y factores de riesgo

Más allá de los efectos secundarios comunes, los ansiolíticos tienen riesgos adicionales. Mientras que los medicamentos tranquilizantes ansiolíticos son relativamente seguros cuando se toman sólo ocasionalmente y en pequeñas dosis, al combinarse con otras sustancias o tomados durante largos períodos de tiempo, puede conducir a problemas graves. Además, algunas personas tienen reacciones adversas a cualquier cantidad de ansiolíticos. No son seguros para todas las personas, incluso cuando se utilizan responsablemente.

Interacción con otros medicamentos y sobredosis

Utilizados solos, los ansiolíticos como Xanax o Valium rara vez causan sobredosis fatales, incluso cuando se toman en grandes dosis. Pero cuando se combinan con otros depresores del sistema nervioso central, los efectos tóxicos de estos ansiolíticos aumentan.

Tomar ansiolíticos junto con alcohol, analgésicos recetados, o pastillas para dormir, puede ser mortal. También pueden ocurrir peligrosas interacciones cuando los ansiolíticos se toman con antihistamínicos, que se encuentran en muchos medicamentos de venta sin receta para el resfriado, alergias y pastillas para dormir. Los antidepresivos como Prozac y Zoloft también pueden aumentar su toxicidad. Hable siempre con su médico o farmaceuta antes de combinar medicamentos.

Los factores de riesgo de las drogas anti-ansiedad

Cualquiera que tome ansiolíticos puede experimentar efectos secundarios desagradables o peligrosos. 

Pero algunas personas tienen un riesgo más alto:

Personas mayores de 65 años. Los adultos mayores son más sensibles a los efectos sedantes de los ansiolíticos. Incluso pequeñas dosis pueden causarles confusión, amnesia, pérdida del equilibrio, y un deterioro cognitivo que se parece a la demencia. El uso de drogas anti-ansiedad en los ancianos se asocia con un mayor riesgo de caídas, fractura de cadera y de piernas, y accidentes de tráfico.

Mujeres embarazadas. Las mujeres embarazadas deben evitar los ansiolíticos. Dado que estos medicamentos atraviesan la placenta, su uso durante el embarazo puede conducir en el bebé a la dependencia. Después del nacimiento, el bebé sufrirá luego de abstinencia, con síntomas tales como debilidad muscular, irritabilidad, temblor y problemas de sueño y de respiración. Estos medicamentos contra la ansiedad son excretados a través de la leche materna, por lo que deben evitarse también durante la lactancia.

Personas con historial de abuso de sustancias. Cualquier persona con un problema actual o anterior con el alcohol o las drogas, debe evitar los ansiolíticos o utilizarlos sólo con extrema precaución. El mayor beneficio de las benzodiazepinas es que trabajan de forma rápida, pero esto también las hace adictiva. Esto puede conducir rápidamente a su abuso, a menudo en combinación peligrosa con el alcohol u otras drogas ilícitas.


Conexión entre la medicación ansiedad y accidentes

Los ansiolíticos provocan somnolencia y falta de coordinación, lo que contribuye a los accidentes en el hogar, en el trabajo, y en la carretera. Los estudios demuestran que tomar ansiolíticos aumenta el riesgo de sufrir un accidente de tráfico grave.


Dependencia de las drogas contra la ansiedad y la abstinencia

Los ansiolíticos, incluyendo las benzodiazepinas populares, tales como Xanax, Klonopin, Valium, y Ativan, son para uso a corto plazo. Sin embargo, muchas personas toman ansiolíticos durante largos períodos de tiempo. Esto es arriesgado porque, cuando se toma con regularidad, las benzodiazepinas conducen rápidamente a la dependencia física. La tolerancia a las drogas es también común, ya que se necesitan dosis cada vez más altas para obtener el mismo alivio de ansiedad que antes. De acuerdo con la Academia Americana de Médicos de Familia, las benzodiazepinas pierden su efecto terapéutico anti-ansiedad después de 4 a 6 meses de uso regular.

La mayoría de las personas se vuelven adictas a su medicamento contra la ansiedad en un par de meses, pero los problemas pueden surgir antes. Para algunos, la dependencia de las drogas se desarrolla después de unas pocas semanas. Una vez que alguien está físicamente dependiente de una medicación de ansiedad, es difícil dejar de tomarlo. El cuerpo se acostumbra al medicamento, por lo que se producen síntomas de abstinencia, si la dosis se reduce o se suspende.

La dependencia psicológica puede ser también un problema. Si usted ha estado confiando en un ansiolítico para mantener la ansiedad bajo control, es posible que pierda la confianza en sus propias capacidades para hacer frente a las dificultades de la vida y empezar a pensar que "necesita" el medicamento para sobrevivir.


Usted puede ser dependiente de las benzodiazepinas si:
-  Ha tomado benzodiacepinas durante cuatro meses o más.
- Confía en sus pastillas para salir adelante.
- Alguna vez que ha reducido o dejado de tomar sus pastillas, se ha sentido enfermo, ansioso o ha experimentado síntomas inusuales.
- Siente que sus píldoras no están teniendo el mismo efecto que cuando empezó a tomarlas.
- Toma una pastilla extra durante los momentos de tensión.
- Ha intentado reducir o dejar de tomar sus pastillas y no ha podido pegar el ojo.
- Ha aumentado su dosis.
- Ha incrementado su consumo de alcohol.
- Las benzodiazepinas están interfiriendo con su vida de alguna manera (sentirse enfermo frente a los problemas de trabajo, familiares o de pareja, dificultades para salir adelante, dificultad para recordar cosas).
- Siempre se asegura de nunca quedarse sin pastillas.
- Lleva sus píldoras con usted "por si acaso".


Si usted está físicamente dependiente de los ansiolíticos y quisiera dejarlos, es importante hacerlo bajo la guía de un profesional de salud médica. La clave está en ir reduciendo la dosis durante un período de tiempo. Si deja de tomar su medicamento de repente, puede experimentar síntomas de abstinencia graves, tales como:
  • ·         Aumento de la ansiedad
  • ·         Insomnio
  • ·         Confusión
  • ·         Taquicardia
  • ·         Transpiración
  • ·         Temblor
Disminuir paulatinamente la droga le ayudará a minimizar la reacción de abstinencia. Sin embargo, si usted ha tomado ansiolíticos durante meses, puede todavía experimentar algunos de los síntomas de abstinencia. La ansiedad, el insomnio y la depresión pueden permanecer meses después de que usted haya dejado de tomar el ansiolítico. Desafortunadamente, estos síntomas persistentes de abstinencia son frecuentemente tomados equívocamente como un retorno del problema original, haciendo que algunas personas reinicien la medicación.

Otros tipos de ansiolíticos

Debido a las muchas preocupaciones de seguridad vinculadas a las drogas contra la ansiedad, han ganado popularidad otros medicamentos para tratar la ansiedad. Las alternativas a los ansiolíticos incluyen antidepresivos, buspirona y bloqueadores beta.

Los medicamentos antidepresivos para la ansiedad

Muchos medicamentos originalmente aprobados para el tratamiento de la depresión se han utilizado para aliviar los síntomas de la ansiedad. Estos incluyen ciertos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), los antidepresivos tricíclicos (ATC), ls inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) y los antidepresivos atípicos más nuevos.

Los antidepresivos suelen ser preferibles a los ansiolíticos tradicionales debido a que el riesgo de la dependencia y el abuso es menor. Sin embargo, los antidepresivos tardan de 4 a 6 semanas para comenzar a aliviar los síntomas de ansiedad, por lo que no se pueden tomar "según sea necesario". Por ejemplo, los antidepresivos no ayudarán en absoluto si usted esperó hasta tener un ataque de pánico para tomarlos. Su uso se limita a problemas de ansiedad crónicos que requieren tratamiento continuo.

Los antidepresivos más recetados para la ansiedad son los ISRS como Prozac, Zoloft, Paxil, Lexapro y Celexa. Estos funcionan mediante la regulación de los niveles de serotonina en el cerebro para elevar el estado de ánimo y se han utilizado para tratar el trastorno de pánico, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y el trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

Los efectos secundarios comunes incluyen:
  • ·         Náuseas
  • ·         Nerviosismo
  • ·         Dolores de cabeza
  • ·         Somnolencia
  • ·         Disfunción sexual
  • ·         Mareo
  • ·         Malestar estomacal
  • ·         Aumento de peso

Aunque la dependencia física no se desarrolla en forma tan rápida con los antidepresivos, la suspensión puede ser un problema. Si es descontinuado en forma demasiado rápida, la abstinencia de estos medicamentos puede provocar síntomas como depresión extrema y fatiga, irritabilidad, ansiedad, síntomas parecidos a la gripe, e insomnio.


El riesgo de suicidio con los antidepresivos

La FDA exige que todos los antidepresivos llevar una advertencia sobre el riesgo de pensamientos suicidas, hostilidad, y agitación. También existe el riesgo de que causen un aumento de la depresión y la ansiedad, en lugar de su disminución.


Buspirona (BuSpar)

La Buspirona, también conocido por el nombre de marca BuSpar, es un medicamento contra la ansiedad más nuevo, que actúa como un tranquilizante suave. La buspirona alivia la ansiedad mediante el aumento de serotonina en el cerebro como lo hacen los ISRS y la disminución de la dopamina. En comparación con ansiolíticos tradicionales como el Xanax, La Buspirona es de acción lenta. Se tarda unas dos semanas para empezar a trabajar con la ansiedad. Sin embargo, tiene varias ventajas sobre los ansiolíticos mayores: no es tan sedante, no afecta la memoria ni la coordinación, no es muy adictivo, y los efectos de la abstinencia son mínimos.

Los efectos secundarios comunes de la buspirona incluyen:
  • ·         Náuseas
  • ·         Dolores de cabeza
  • ·         Mareo
  • ·         Somnolencia
  • ·         Dolor de estómago
  • ·         Estreñimiento
  • ·         Diarrea
  • ·         Boca reseca
Dado que el riesgo de dependencia es bajo y no tiene interacciones graves con otras drogas, La Buspirona es una buena opción para las personas mayores y personas con historial de abuso de sustancias. Sin embargo, su eficacia es limitada. Funciona para el trastorno de ansiedad generalizada (TAG), pero no parece ayudar en los otros tipos de trastornos de ansiedad.

Medicamentos bloqueadores Beta para la ansiedad

Los bloqueadores Beta son un tipo de medicamento utilizados para tratar la presión arterial alta y problemas cardiacos. Sin embargo, estos medicamentos también se prescriben fuera de lo indicado, para la ansiedad. Los bloqueadores Beta funcionan al bloquear los efectos de la noradrenalina, hormona del estrés, que participan en la respuesta de lucha o huida. Esto ayuda a controlar los síntomas físicos de la ansiedad tales como frecuencia cardíaca alta, voz temblorosa, sudoración, mareos, y manos temblorosas.

Debido a que los betabloqueantes no afectan los síntomas emocionales de ansiedad, como la preocupación, son de gran ayuda para las fobias, la fobia social, y en particular la ansiedad de rendimiento. Si usted está anticipando una situación específica que le produce ansiedad (como dar un discurso), tomar un bloqueador Beta de antemano puede ayudarle a reducir sus "nervios".

Los bloqueadores Beta incluyen fármacos como el propranolol (Inderal) y atenolol (Tenormin). Los efectos secundarios comunes incluyen:
  • ·         Mareo
  • ·         Somnolencia
  • ·         Náuseas
  • ·         Pulso inusualmente lento

Decidir si la medicación para la ansiedad es la adecuada para usted

Si usted está tratando de decidir si debe o no tratar su ansiedad con medicamentos, es importante sopesar los pros y los contras conjuntamente con su médico. También es importante aprender acerca de los efectos secundarios comunes del ansiolítico que está considerando. Los efectos secundarios de la medicación contra la ansiedad tienen una gama que va desde molestias leves como la resequedad de la boca hasta problemas más graves, como náuseas agudas o aumento de peso pronunciado. Para cualquier medicamento anti-ansiedad, tendrá que equilibrar los efectos secundarios frente a los beneficios.

Preguntas que debe hacerse junto con un profesional de salud mental

·         ¿Es la medicación la mejor opción para mi problema de ansiedad?
·         ¿Estoy dispuesto a soportar los efectos secundarios desagradables a cambio del alivio de la ansiedad?
·         ¿Qué tratamientos no farmacológicos para la ansiedad podrían ayudar?
·         ¿Tengo el tiempo y estoy dispuesto a seguir los tratamientos no farmacológicos como la terapia cognitivo-conductual?
·         ¿Qué estrategias de autoayuda podrían ayudarme a conseguir tener mi ansiedad bajo control?
·         Si decido tomar la medicación contra la ansiedad, ¿debería acompañarla también de alguna terapia?

Preguntas para su médico

·         ¿Cómo va a ayudar el medicamento con mi ansiedad?
·         ¿Cuáles son los efectos secundarios comunes de la droga?
·         ¿Hay alguna comida y bebidas que necesitaré evitar?
·         ¿Cómo va a interactuar este medicamento con mis otras drogas?
·         ¿Por cuánto tiempo tendré que tomar la medicación anti-ansiedad?
·         ¿Dejar luego la medicación será difícil?
·         ¿Volverá mi ansiedad cuando deje de tomar el medicamento?

La medicación por sí sola no es suficiente

Recuerde que los ansiolíticos no son una cura. Los medicamentos pueden tratar algunos síntomas de ansiedad, pero no pueden cambiar los temas y situaciones que subyacen en su vida y que lo están volviendo ansioso. Los medicamentos contra la ansiedad no van a resolver sus problemas si está ansioso debido a las cuentas crecientes por pagar, o a una tendencia a pensar el "los peor que le puede pasar", o una relación afectiva poco saludable. Ahí es donde la terapia y otros cambios de estilo de vida son necesarios.

Hay muchas alternativas de tratamiento diferentes a la medicación, incluyendo la psicoterapia, que es ampliamente aceptada por ser más eficaz contra la ansiedad que las drogas. Para superar la ansiedad, es posible que tenga que hacer grandes cambios en su vida. Modificaciones en el estilo de vida que pueden producir cambios en los niveles de ansiedad, incluyen el ejercicio regular, dormir lo suficiente, y una dieta saludable. Otros tratamientos eficaces para la ansiedad incluyen terapia de conversación, meditación, el biofeedback, la hipnosis y la acupuntura.

La ventaja de los tratamientos no farmacológicos en casos de ansiedad es que producen cambios duraderos y alivio a largo plazo. Si su ansiedad es tan severa que interfiere con la terapia, la medicación puede ser útil en el corto plazo para tener sus síntomas bajo control. Una vez que su ansiedad está en un nivel manejable, se puede seguir con éxito otras formas de comportamiento y terapia de conversación.

Directrices para la toma de medicamentos para la ansiedad

Si usted decide tomar medicamentos para su trastorno de ansiedad, es importante aprender todo lo que pueda acerca de su medicamento y administrarlo como está indicado. Cuanto más se sabe acerca de su medicación, mejor equipado estará para identificar y hacer frente a los efectos secundarios, evitar peligrosas interacciones con otros medicamentos, y minimizar otros riesgos de la medicación.

Algunas sugerencias si decide tomar la medicación para la ansiedad:

Sea paciente. Se necesita tiempo para que la mayoría de los ansiolíticos llegar a su efecto terapéutico completo. Si bien es posible que desee un alivio inmediato, es importante tener expectativas realistas. Usted tendrá que trabajar estrechamente con su médico para encontrar la dosis correcta y evaluar la eficacia del medicamento.

Evite el alcohol. El alcohol y los ansiolíticos no se deben mezclar. La combinación puede incluso ser letal. Pero incluso en dosis menos tóxicas, el alcohol y estos medicamentos pueden causar mala coordinación y el pensamiento deteriorado, lo que aumenta el riesgo de accidentes de tránsito y otras lesiones.

Controle su respuesta a la medicación. Mantenga una estrecha vigilancia sobre su reacción a la medicación, incluyendo cualquier cambio físico y emocional que esté experimentando. Todo el mundo reacciona de manera diferente a las drogas, por lo que es imposible predecir qué efectos secundarios tendrá usted o qué tan bien funcionará su medicación. Si usted está tomando benzodiacepinas (Valium, Xanax, etc.), no conduzca ni maneje maquinaria pesada hasta que sepa cómo le afecta el medicamento.

Hable con su médico. Sea abierto y honesto acerca de los efectos secundarios que su medicamento está causando. No tenga miedo de hablar de sus problemas o preocupaciones. Y si bien nunca debe dejar su medicamento sin consultar primero con su médico, en última instancia, la decisión depende de usted. Si no está satisfecho con la forma en que las pastillas le hacen sentir, pida a su médico que le ayude a disminuirla.

Continuar la terapia. Los medicamentos pueden controlar los síntomas de la ansiedad, pero no tratar el problema subyacente. Por lo tanto, es crucial seguir una terapia o alguna otra forma de tratamiento contra la ansiedad. La terapia puede ayudarle a llegar a la raíz de su problema de ansiedad y desarrollar mejores habilidades para afrontarla.


Si usted está tomando alguna benzodiacepina:

- Tenga citas regulares con un psiquiatra especializado en el tratamiento de trastornos de ansiedad y que esté al tanto de las últimas investigaciones sobre las benzodiazepinas y otros ansiolíticos y terapias.
- No suspenda su medicación sin consultar antes a su psiquiatra. Si usted ha estado tomando benzodiazepinas durante más de un mes, debe reducir gradualmente la dosis bajo supervisión de su médico.
- Encontrar la dosis correcta es un proceso de ensayo y error, pero usted debe preocuparse si la está aumentando. Si necesita dosis cada vez mayores para lograr el mismo efecto, eso es un signo de una dependencia de la droga en desarrollo.



jueves, 23 de abril de 2015

Enfoque junguiano de la depresión

Por Juan Carlos Alonso - 23 de abril de 2015 - Tomado de ADEPAC

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RESUMEN

Si bien en ocasiones se ha planteado que la psicoterapia no puede utilizarse para tratar los trastornos depresivos graves, en el enfoque junguiano no se comparte esta afirmación, pero se considera que su tratamiento terapéutico requiere un procedimiento diferente del método analítico y psicoterapéutico habitual. La literatura teórica que existe dentro de la psicología junguiana sobre este desorden es relativamente reducida, tanto sobre su etiología como sobre su terapéutica. Teniendo en cuenta lo anterior, este artículo recoge las principales propuestas sobre el abordaje energético y aplicación terapéutica de la depresión desde este enfoque, así como su simbolismo y motivos arquetípicos relacionados con este trastorno.

Palabras claves: psicología analítica, depresión, psicoterapia, motivos arquetípicos.

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La relativamente escasa literatura que existe en la psicología analítica sobre la depresión se debe, en buena parte, al rechazo de Jung a rotular a los pacientes con diagnósticos, pues consideraba que con ello se dificultaba encontrar la verdadera etiología de las enfermedades. En Recuerdos, Sueños, Pensamientos, relata que cuando hizo sus prácticas clínicas en el hospital psiquiátrico Burghölzli, descubrió al poco tiempo de estar allí que ningún psiquiatra se preocupaba por tratar de entender lo que les sucedía a los enfermos, y que el énfasis estaba sólo en tratar de diagnosticarlos según los síntomas, sin importarles la dinámica psicológica de los pacientes (Jung, 1994: par. 143).

Por tal motivo, mostró en adelante una gran resistencia a esa tendencia en la psiquiatría de su época a gastar tanto esfuerzo en la clasificación correcta de los trastornos. Sólo encontramos en sus escritos, además de la diferencia entre psicosis y depresión, otra discriminación entre lo que son los trastornos de las funciones fisiológicas y los de las enfermedades agrupadas en la categoría de la psicastenia, una de cuyas manifestaciones era la depresión. Decía Jung que en la base de todas las psicastenias, se encontraban contenidos que se habían vuelto inconscientes al ser reprimidos (Jung, O. C. 10: par. 5).

La actitud general de Jung ante los trastornos psicológicos, era la de centrar la atención en el paciente más que en la enfermedad misma. Es decir, que los trastornos no deberían nunca verse aislados del contexto general de la personalidad de los pacientes. Aun hoy en día, los analistas junguianos consideran que los diagnósticos actuales empleados por el modelo médico para entender la enfermedad impone categorías predefinidas que crean el riesgo de que el médico se distancie de la experiencia fenomenológica del paciente durante el tratamiento (Kiehl, 2013).

Puesto que se han encontrado enfermedades físicas que pueden comenzar con síntomas depresivos, es siempre necesario realizar el diagnóstico médico diferencial, para tratar los trastornos tóxicos o enfermedades incipientes cerebro-orgánicas que la generen. Sin embargo, aún en los casos en que estemos ante una depresión asociada a un desorden físico, ésta tendrá componentes psicológicos que requieren una adecuada actitud psicoterapéutica, semejante a la del tratamiento de depresiones no vinculadas con aspectos orgánicos.

Una caracterización general de los síntomas depresivos es la siguiente: (1) alteración del estado de ánimo hacia la tristeza, apatía y soledad; (2) imagen negativa de sí mismo, con auto ataques, reproches y culpabilidad; (3) deseos regresivos de escapar, negarse, ocultarse, o morir; (4) llanto, irritabilidad, insomnio, pérdida de apetito sexual; (5) bajo nivel de actividad general, pérdida de firmeza y de otras capacidades del yo, en ocasiones acompañados de un nivel intensificado de ansiedad, miedo o agitación (Hubback, 1989: p. 25).

Ante las dificultades de diagnóstico en depresiones graves, el analista junguiano Heinrich Fierz proponía partir de comprobar si la depresión se acompaña por el cuadro clínico clásico de la “melancolía”, con inhibición y retraso de los procesos de pensamiento, marcada tendencia suicida, ausencia de causas puramente externas de enfermedad, tendencia ocasional a los delirios y repetidas fases depresivas (Fierz, 1991: p. 313).

Actualmente, el DSM-IV propone el concepto de episodio para determinar los diagnósticos, teniendo como eje de referencia las características del episodio depresivo mayor, en términos de número de síntomas y duración de estos.  No vamos a enumerar acá los criterios del manual, pues lo que se desea resaltar es que estamos ante un trastorno que puede, en los casos graves, afectar la personalidad en su conjunto. Algunos autores de acercamiento puramente médico, hablan de síntomas que se agrupan en síntomas afectivos, cognitivos, conductuales y físicos. Otros, con una perspectiva antropológica y sistémica, mencionan que la depresión puede afectar las dimensiones biológica, psicológica, simbólica y existencial, produciendo un descentramiento y una alteración en varios niveles axiales que corresponden a cada dimensión vital: en el eje bio-neuro-endocrino, el eje ego-Self, el eje tristeza-alegría y el eje axiológico, respectivamente (Saiz et al, 2006: 131). Lo claro en ambas perspectivas, es que se trata de un desorden que representa una alteración de la existencia en todos sus planos.

TRATAMIENTOS

La depresión se suele tratar de diferentes maneras, dependiendo del enfoque que la aborde. Mencionamos a continuación solamente cuatro alternativas: los tratamientos psicofarmacológicos, la terapia electroconvulsiva (o de electrochoque),  el tratamiento psicoterapéutico junguiano, y el tratamiento combinado de fármacos y psicoterapia.

Acerca de los tratamientos farmacológicos, algunos analistas junguianos opinan que no debería administrarse ningún medicamento durante el análisis por considerar que interfiere con el proceso terapéutico. No obstante, en casos de depresión grave, el paciente puede estar tan ansioso o confundido que impida la comunicación adecuada con el terapeuta, por lo que una medicación cuidadosa puede devolver su capacidad para seguir un trabajo psicológico productivo (Hall, 1896: p. 82). Aunque es innegable que los fármacos han sido de gran utilidad para el tratamiento de la depresión, no se puede tampoco tomar la posición extrema de tratarla sólo con medicamentos. El problema psicológico principal vinculado con el estado depresivo no se resuelve con drogas sino con psicoterapia. El tratamiento con sólo medicamentos hace que el paciente se sienta degradado como persona y tenga la impresión de que no está siendo tratado por médicos sino que ha caído "en manos de veterinarios" (Bleuler, citado por Fierz, 1991: 315).

Por eso, la mayoría de los expertos están de acuerdo en que lo más conveniente en caso de un desorden depresivo es la combinación de éstos con la psicoterapia. No obstante, es necesario un gran cuidado y atención especial cuando intervienen medicamentos ya que, aunque pueden servir como facilitadores para la interacción terapéutica, pueden igualmente acelerar el proceso depresivo, lo cual como veremos más adelante no es positivo en ningún caso. Es necesario recordar el refrán “A camino largo, paso corto”.

Otro tratamiento aplicado en casos severos de depresión es la terapia electroconvulsiva. En contraste con la farmacoterapia, se considera muy peligrosa en estos casos. El motivo por el que este tipo de tratamiento puede ser tan sorprendente y aparentemente exitoso es porque acorta la duración de la depresión en los pacientes. Pero una investigación (Fierz, 1991: p. 316) demostró que la terapia electroconvulsiva no curó ni acortó la fase de la enfermedad, sino que sólo la interrumpió. Mostró también que si la terapia era administrada en la mitad de la fase completa de la depresión, después de un cierto período (de unos pocos meses a un año), el trastorno podía volver a atacar a la persona que se creía curada. El gran riesgo es que esta recaída se desarrolla en cuestión de minutos. La persona se siente de repente totalmente perdida, y existe un gran riesgo de suicidio. En síntesis, se trata de otra estrategia que proviene de la impaciencia, la cual, como veremos, es completamente inadecuada para la depresión.

El resto del artículo se centrará en algunos aspectos de la psicoterapia y el análisis junguianos de la depresión. Comenzamos describiendo el descenso del nivel mental, fenómeno característico de la depresión, luego se habla de sus causas y finalidad; el abordaje explicativo de este trastorno basado en los movimientos progresivo y regresivo de la psique; el apoyo y actitud del terapeuta junguiano; y finalmente los motivos arquetípicos con los que se asocia la depresión.

DESCENSO DEL NIVEL MENTAL

Un síntoma muy característico de la depresión es el descenso del nivel mental (abaissement du niveau mental), término que se refiere a una disminución del nivel de la consciencia y del estado mental y emocional, que se experimenta como una “pérdida del alma”. En palabras de Jung, es un “aflojamiento de la tensión de la consciencia” (Jung, O. C. 9/1: par. 213). Se produce en este estado una desinhibición de las usuales restricciones psíquicas y una reducción de la intensidad de la consciencia, que causa ausencias de concentración y atención, condición que desdibuja el límite entre consciente e inconsciente, y en el que se hace inminente la aparición de inesperados contenidos inconscientes (Samuels, 1997: p. 7).

Esta desinhibición puede ser negativa o positiva, según como se la mire. Subjetivamente es negativa porque el abaissement puede hacer que la persona sienta temores inusuales y exagerados, no presenciados antes por quienes la rodean; temores irracionales como los que se pueden tener cuando despertamos por un ruido a mitad de la noche, invadidos por la angustia, debido a que el umbral de la consciencia está en su nivel más bajo. La diferencia es que el deprimido siente estos temores todo el tiempo.

Pero objetivamente es posible entender este descenso del nivel mental como algo positivo porque durante esta difícil fase que el individuo vive conscientemente como ansiedad, confusión y desánimo, existe una actividad inconsciente intensa, que no se ve desde el exterior. Una metáfora que puede representar bien este proceso es la de la crisálida, dentro de la cual la oruga sufre una poderosa transformación a pesar de la aparente inactividad exterior, de la que saldrá, luego de un período larvario, la mariposa, símbolo del alma en el ser humano.

Este proceso apunta a un potencial pronóstico optimista de la depresión, ya que hace viable que se produzca un encuentro de la consciencia con el material inconsciente que emerge, con la consecuente posibilidad de llevar a cabo una integración con el simbolismo arquetípico. Sin embargo, esto último sólo será posible si existe la suficiente fuerza del ego para resistir ese exigente reto. Si esto no sucede, el individuo puede quedar incapaz de reorientarse conscientemente (Progoff, 1967: p. 167; Samuels, 1997: p. 7).

CAUSA Y FINALIDAD DE LA DEPRESIÓN

Para Jung era fundamental indagar en la depresión tanto por las razones causales como por su finalidad. Estas dos actitudes no son necesariamente incompatibles sino más bien complementarias; el enfoque causal busca en el pasado la causa de la depresión, mientras que la finalista se concentra más en el presente con miras a las posibilidades futuras.

Desde el punto de vista causal, se ha determinado que la depresión con frecuencia se origina en persistentes situaciones de estrés, frustraciones, sufrimientos y dependencias que la persona ha enfrentado sin integrarlas simbólicamente en su proceso de individuación (Saiz et al, 2006: 131). En ocasiones se relaciona con un conflicto central no resuelto del pasado, del cual el paciente no es consciente. Este conflicto puede ser aparentemente insignificante pero, aun así, significativo para el paciente de manera inconsciente. Si han existido fases depresivas anteriores en la historia del individuo, estas pueden corresponder a intentos infructuosos de resolver los problemas asociados con tal conflicto psíquico (Fierz, 1991: p. 313).

De otra parte, una perspectiva finalista permite a los junguianos preguntar para qué se produce una depresión en un individuo, y a responder que el trastorno es esencialmente un intento que hace la psique para sanarse a sí misma. Se trata de un enfoque que no niega el punto de vista causal del estado depresivo, pero que no se detiene en él, sino que busca complementar la comprensión de la depresión teniendo en cuenta la finalidad. Jung usaba deliberadamente la palabra finalidad, para diferenciarla claramente del concepto de teleología, que implica la anticipación de un objetivo o meta. La finalidad, por el contrario, “supone un propósito, pero una meta esencialmente desconocida. Finalidad es meramente el esfuerzo psicológico inmanente por una meta” (Jung, O. C. 8: par. 456).

Desde esta perspectiva, la depresión puede verse como:
una iniciación, un rito de pasaje. Si pensamos que la depresión, tan vacía y opaca, está despojada de imaginación, es probable que pasemos por alto sus aspectos iniciáticos (Moore, 1998: 197).
Una manera de analizar desde un modelo arquetípico el deseo de muerte en las personas deprimidas, permite trascender las motivaciones conscientes que se les suelen atribuir a ellas. Podríamos plantearnos la hipótesis de que todo parte de la necesidad de realizar un rito de iniciación, el cual es universal y contiene la simbología de la muerte y el renacimiento. Muchos deprimidos sueñan con una transformación que les haga vivir aspectos ocultos que no han podido desarrollar. Sin embargo, la muerte sería una tentativa fallida de rito de iniciación, ya que en lugar de seguir la secuencia iniciática simbólica de muerte-renacimiento, el individuo desemboca en una muerte real como experiencia final.

Rosen hace una propuesta terapéutica en este sentido, afirmando que la persona deprimida debe entender que el deseo de muerte no es algo concreto sino simbólico, y que lo que tiene que morir no es el individuo sino sólo una parte de su psique, el aspecto negativo de su yo que añora la vida pasada, su viejo yo. Debe sacrificar esa parte de su psique para posibilitar la transformación. El autor formula una serie de interesantes etapas para lograr el cambio (Rosen, 2003).

Podemos también comprender la depresión en un contexto adaptativo. La individuación busca la adaptación del ser humano tanto al ámbito externo como al interno. El movimiento regresivo de la energía psíquica desempeñaría una función de adaptación, no ya al mundo externo, sino al mundo interior de la psique (Progoff, 1967: p. 155). Ese movimiento de retirada tiene por finalidad restaurar el equilibrio interior que se ha perdido. Viene al caso una frase en francés que Jung menciona varias veces, reculer pour mieux sauter, y que traduce, retroceder para saltar mejor.

Según Jung,
en la vida de los seres humanos hay momentos en que se comienza una nueva página. Aparecen nuevos intereses y tendencias que hasta ahora no habían recibido atención, o bien se produce un cambio repentino de la personalidad (la llamada mutación del carácter). Durante el período de incubación de tal cambio, a menudo podemos observar una pérdida de energía consciente: el nuevo desarrollo ha extraído de la consciencia la energía que necesita (Jung, O. C. 16: par. 373).
Esa pérdida de energía se experimenta desagradablemente, pues la vida exterior actual pierde su brillo y alegría, mientras que se sobrevalora el pasado:
Este volver la vista hacia atrás conduce hacia la represión y señala su comienzo… La regresión es un deslizarse hacia el pasado causado por una depresión que tiene lugar en el presente. (Jung, O. C. 5: par. 457).
Esta afirmación nos lleva a la relación entre depresión y regresión de la energía psíquica.

APROXIMACIÓN ENERGÉTICA A LA DEPRESIÓN

La psicología analítica aborda la depresión desde un enfoque energético de la psique (Sharp, 1994: p. 59). Se considera que el episodio depresivo es un estado psicológico que se caracteriza por la falta de disponibilidad de energía psíquica que tiene la consciencia en un momento dado de la vida. Esta energía psíquica tiene una formulación diferente del concepto freudiano de “libido”, ya que para Jung tal energía no tiene una naturaleza meramente sexual sino que constituye una energía vital neutra en continuo movimiento y surgida de la tensión entre opuestos psíquicos; la energía psíquica puede tener manifestaciones sexuales, dentro de muchas otras tantas posibilidades. Así, al igual que todos los fenómenos psicológicos, las depresiones pueden ser consideradas manifestaciones de la energía psíquica.

Jung estaba convencido de que la psique es un sistema autorregulado que se esfuerza constantemente por mantener el equilibrio entre tendencias opuestas.  Esto significa que cuando se produce una polaridad o unilateralidad en el reino consciente de un individuo, su inconsciente responde intentando corregir el desequilibrio que se está produciendo. En la depresión, esa auto-regulación puede llevar a asociar la energía psíquica con la intencionalidad del trastorno. Es como si en forma auto-curadora, la energía “supiera” hacia dónde debiera dirigirse para recobrar la salud general de la psique (Sharp, 1994: p. 125).

Para representar la orientación de la energía psíquica, Jung gustaba de utilizar la imagen del fluir del agua, pues la energía actúa de manera semejante, siguiendo la dirección que le imprime un declive o una inclinación natural (Jung, O.C. 5: par. 337). Siguiendo nosotros con esta imagen de Jung, vemos que la energía puede, como sucede con el agua, encontrar en ocasiones un obstáculo que detenga el fluir de la energía y hacer que quede represada por un tiempo. Este obstáculo puede responder a un conflicto neurótico o psicótico. Es más, al igual que el agua, es posible que encuentre un surco que la lleve a retroceder a una hondonada. Esto podría dar una idea de la depresión.

La persona deprimida siente que le falta la energía vital. ¿A dónde ha ido la energía? No es que desaparezca, sino que retrocede hacia las profundidades del inconsciente. En psicología analítica se dice que ha comenzado un movimiento regresivo de la energía psíquica, contrario al movimiento progresivo que suele tener en otros momentos. Y la poca energía que queda en la consciencia, se resiste a ser usada hacia una dirección voluntariamente elegida.

Para Jung la energía psíquica opera de conformidad con estos movimientos de progresión y de regresión. ¿Qué sucede con este par de movimientos durante la depresión? Demos el ejemplo de un caso de depresión neurótica que surja en el terreno de la neurosis de angustia. Antes de que aparezca el trastorno hay un movimiento progresivo de la psique porque hay un equilibrio entre fuerzas opuestas del conflicto psicológico, y entonces todo es normal en la psique y la energía puede avanzar en ascenso, del inconsciente hacia la consciencia, y de allí hacia el mundo exterior. En esa fase el individuo tiene una sensación de creatividad y de bienestar. Pero ante ciertos conflictos, la energía cambia su rumbo y se vuelve regresiva. Como eso sucede en la depresión, nos centraremos en este movimiento regresivo, ya que el movimiento progresivo retorna una vez que la depresión cesa.

MOVIMIENTO REGRESIVO EN LA DEPRESIÓN

La posición de Jung con relación a la regresión difería completamente de la de Freud, para quien el movimiento regresivo de la energía era la mayoría de las veces un fenómeno negativo. Por el contrario, Jung descubrió los aspectos terapéuticos y enriquecedores de la personalidad que podrían darse durante los períodos en los que ocurría una regresión, dejando así de ser un suceso necesariamente patológico, ya que a menudo anuncia, como ya mencionamos, una renovación de la personalidad.

Veamos cómo sucede esto. Cuando se presenta el conflicto, o acumulación de conflictos internos, la progresión de la energía se ve obstaculizada, se rompe el equilibrio entre fuerzas psíquicas opuestas, y se detiene el movimiento progresivo. En este momento, los opuestos se separan y se enfrentan de manera antagónica. Al no tener salida, la energía se acumula, hasta que finalmente comienza a moverse en dirección opuesta, hacia las zonas profundas de la psique. Es decir, la energía desarrolla ahora un movimiento regresivo, que se acompaña por sensaciones de malestar. Se pierde el deseo o el valor para enfrentar las tareas diarias. Jung describe este estado de la siguiente manera:
La persona se siente como si fuera de plomo, pues ninguna parte del cuerpo parece estar dispuesta a moverse, y esto se debe a que ya no hay energía disponible… El desgano y la parálisis de la voluntad pueden llegar tan lejos que toda la personalidad se cae a pedazos, por así decirlo, y la consciencia pierde su unidad (Jung, O. C. 9/1: par. 213).
…el paciente vive asediado por toda clase de ideas y obsesiones depresivas, tales como que su vida no sirve para nada… Estos sentimientos negativos son otras autosugestiones que él acata sin discutir (Jung, O. C. 7: par. 344).
En este tipo de depresión de ansiedad suele prevalecer en el paciente la vivencia amenazadora de locura o muerte, acompañada de un amplio espectro de molestias somáticas diversas y de una actitud hipocondríaca que lleva al paciente a estar continuamente pendiente del funcionamiento de su organismo, con sensaciones de inestabilidad, vértigo, o fobias a los espacios abiertos. Hay una situación paradójica en los casos que son tratados de manera combinada de psicofármacos con psicoterapia, pues aunque algunos de los síntomas desaparecen con los medicamentos, suelen aparecer otros derivados de los efectos secundarios de las drogas.

Durante la regresión se activan contenidos inconscientes (fantasías, recuerdos, deseos, etc.) que necesitan ser descubiertos y examinados en pro de la salud psicológica. Lograr esta tarea define el buen o mal desarrollo de una depresión, así como su duración. El movimiento regresivo durante la depresión puede considerarse como un período de regeneración o de toma de energía, el cual ocurre antes de que se produzca un posterior avance (Samuels, 1997: p. 129).

De acuerdo con lo anterior, la depresión puede entenderse:
como un fenómeno compensatorio inconsciente, cuyo contenido, para surtir todo su efecto, tendría que hacerse consciente. Y esto puede llevarse a cabo yendo en la dirección señalada por la tendencia represiva e integrándose en la consciencia los recuerdos de este modo activados, lo cual equivale, en efecto, a hacer realidad la verdadera finalidad de la depresión. (Jung, O. C. 5: par. 625).
Esta afirmación nos orienta hacia la terapéutica de la depresión.

APOYO TERAPÉUTICO SIMBÓLICO

Dice Jung que si no hay una producción espontánea de fantasías, es necesario acudir a un artificio que consiste en que el paciente se sumerja por completo en su estado de ánimo y escriba todas las fantasías y asociaciones que vayan surgiendo, para lograr una representación de su estado de ánimo en forma de imágenes de los contenidos y tendencias inconscientes involucrados en su trastorno (Jung, O. C. 8: par. 166).

Aunque es posible la interpretación de tal material, lo verdaderamente importante es que la persona experimente sus fantasías a fondo. Es decir, lo fundamental no es que el individuo comprenda las imágenes sino que las viva. Hay que recordar que aunque el mundo consciente del paciente se vuelve vacío y gris durante los episodios depresivos, lo inconsciente está lleno de vida y de poder. Dice Jung que la energía psíquica se puede captar a través de estas fantasías, y que es posible volver a liberarla, haciendo que emerja a la superficie consciente todo este material inconsciente (Jung, O. C. 7: par. 345).

Lo anterior significa que la racionalidad debe ceder, en cierta forma, el control de los acontecimientos a lo inconsciente. Esto evita seguir siendo arrastrado por el estado de ánimo deprimido, y convertir a este en su objeto de interacción. El paciente deberá intentar que su estado de ánimo hable con él:
tiene que decirle cuál es su aspecto y en qué clase de analogía fantástica puede expresarlo… al haberle brindado a su estado de ánimo la oportunidad de expresarse en una imagen, el paciente ha conseguido al menos transformar en un contenido de consciencia un pequeño monto de libido (energía psíquica)… en forma de imagen, sustrayéndoselo así al inconsciente (Jung, O. C. 7: par. 348-349).
No obstante, este intento no es suficiente, pues hasta este momento sólo ha existido una participación pasiva del paciente. Es necesario que haya también una interacción activa. Esto se consigue cuando el individuo se comporta con la fantasía de la misma manera en que lo haría si la situación fuera real, es decir demostrando que la fantasía ha sido tomada en serio, “que concede a lo inconsciente un valor incondicional de realidad” (Ibid: par. 350). Así habrá logrado vivir la fantasía en toda su integridad.

Esta última estrategia constituye la técnica de la imaginación activa, propuesta por Jung para “persuadir” al material del inconsciente a ser transferido hacia el umbral de la consciencia y poder catalizar la función trascendente. Esta última puede actuar, a su vez, como un mediador para que las imágenes inconscientes dialoguen con la consciencia (Miller, 2004: 23). En esta etapa, el yo vuelve a tomar la iniciativa contraponiéndose al inconsciente, generando una tensión cargada de energía que crea un terreno intermedio en el que se pueden unir los opuestos (Jung, O.C. 6: par.825).

Jung trata de explicar lo anterior con el ejemplo de la fantasía que tuvo un paciente suyo, en la que veía a su prometida caminando sobre la delgada capa de un río congelado hasta que acababa ella hundiéndose en el hielo, mientras él la miraba con tristeza (Ibid: par. 343). Reflexiona que su paciente no vivió la escena del suicidio como algo concreto real sino que vivió algo real que tenía la apariencia de un suicidio. La experiencia fantástica es la expresión de algo desconocido pero igualmente real, y comenta que la fantasía coincidía con una ola de depresión. El paciente tenía en la realidad una prometida, la cual representaba para él el único lazo que lo vinculaba con el mundo, y añade Jung que esta prometida era también un símbolo de su relación con el inconsciente, de ahí que la fantasía expresara también que su ánima se estaba desvaneciendo en lo inconsciente sin que él hiciera nada para impedirlo.

Pero activamente el paciente debía intervenir e impedir que su ánima se desvaneciera en la grieta: al tomar consciencia de esta fantasía, el paciente podría evitar que todo siguiera sucediendo de forma inconsciente, y lograra apoderarse de la energía, teniendo un mayor control sobre el inconsciente (Ibid: par. 343).

En este momento se habrá resuelto el conflicto interior y eliminado el obstáculo que impedía el movimiento progresivo. El individuo podrá ahora salir fortalecido de la experiencia transformadora de la depresión. El renacimiento es un símbolo particularmente fuerte cuyo significado es que uno puede empezar una nueva vida, puede nacer de nuevo (Progoff, 1967: p.161).

EL PEZ RÉMORA Y LA ACTITUD DEL TERAPEUTA

Una imagen simbólica asociada con la depresión es la de la rémora, pez que aparece en un breve tratado alquímico que fue estudiado por Jung. En la antigüedad se creía que este pez era capaz de inmovilizar grandes barcos, y en el texto se dice que era capaz de “detener al orgulloso buque del gran mar Océano”. En la realidad, la rémora es un pez que posee un disco oval sobre la cabeza que actúa como una ventosa, con el que se adhiere a la parte inferior de las naves.

Esta creencia tiene obviamente un sentido simbólico, y puede representar a la depresión, la cual siendo aparentemente muy pequeña, puede ser un factor tan inhibidor que es capaz de bloquear la consciencia. En el tratado alquímico se afirma que la rémora podía ser capturada por un pescador, de forma natural y rápida, con ayuda del “imán de los filósofos” (Fierz, 1991: p. 313).

Como veremos enseguida, se trata de una imagen muy sugerente para ilustrar el papel del terapeuta al trabajar con cuadros depresivos mayores. De acuerdo con las anteriores imágenes alquímicas, el psicoterapeuta que enfrente este tipo de casos, debe tener un cúmulo de actitudes que corresponda con el “imán de los filósofos”. La conducta de un pescador que está dispuesto a esperar pacientemente y en silencio, es una imagen idónea para la actitud que se requiere en el tratamiento de la depresión. Es esa actitud la que hace posible que el terapeuta se conecte con el paciente; en términos junguianos, posibilita que se produzca la “constelación” del proceso. Además, el pez debe ser capturado “de forma natural”, lo que indica que se debe observar sin prejuicios, pensar de una manera sencilla y, sobre todo, escuchar con mucha atención, para lograr eliminar el bloqueo de la consciencia (Fierz, 1991: p. 315).

Al inicio de este escrito se mencionó que es posible utilizar la psicoterapia para tratar los trastornos depresivos graves, pero es necesario que el analista desarrolle unas actitudes especiales. A continuación se mencionan algunas características que suelen aparecer en los pacientes, asociadas con las correspondientes actitudes que debe tener el psicoterapeuta.

Primero, el paciente está asustado porque se siente amenazado por algo extraño e incomprensible, así que debe ser calmado. No es suficiente con que el analista junguiano confíe en la autonomía que tiene la psique para auto-regularse, sino que es necesario que transmita al individuo esa confianza en el resurgimiento de fuerzas de auto-curación de la psique.

Segundo, en el estado depresivo, el paciente ha perdido la esperanza y los pensamientos negativos invaden su mente. Por eso, el tratamiento de la depresión exige del analista, no sólo tener la paciencia de un pescador, sino también ofrecer constantemente esperanzas al paciente. Será necesaria una labor artesanal de neutralizar y desmontar sus pensamientos negativos y pesimistas, así como hacerle saber que le espera una mejoría al final del proceso.

Tercero, en la depresión no estructurada, el paciente tiene una percepción totalmente alterada del tiempo, quedando en un mundo eterno e indivisible, en el que las horas corren con exasperante lentitud y en el que el tiempo es inmanejable. Lo terrible es que con tanto tiempo disponible para realizar actividades, la persona no dispone de la energía para hacer nada. En consecuencia, durante el tratamiento es aconsejable establecer un programa diario con rutinas de actividades (bañarse, leer, ver televisión, caminar, etc.) que permita que se hagan visibles de nuevo las horas que dividen el día. Por este motivo, muchos recomiendan aplicar el tratamiento en una institución hospitalaria, precisamente porque allí pueden ayudar al deprimido a organizar este tipo de rutinas que incorporan también la administración de medicamentos.

Cuarto, los pacientes deprimidos se sienten absolutamente débiles, física y psíquicamente, por lo cual el terapeuta debe hacerle saber que conoce la intensidad de su fatiga. Se recomienda entonces que en las sesiones de terapia se permita que la persona describa y explique sus síntomas, reportando retrocesos y progresos. De esta manera, el paciente se siente comprendido cuando sabe que el terapeuta conoce al detalle sus síntomas.

Quinto, el movimiento psíquico inconsciente durante la depresión se toma su tiempo para recargar la energía antes de que ésta emerja de nuevo en la consciencia. Por eso, es necesario que haya una gran paciencia durante el proceso de recuperación. No es posible apurar el tratamiento y son riesgosos todos los esfuerzos externos por acelerar el camino. Ya se mencionó anteriormente los riesgos de la terapia electroconvulsiva (Fierz, 1991: 316).

Sexto, el paciente deprimido es pesimista y terriblemente convincente, por lo cual el terapeuta debe cuidarse mucho de esa abrumadora influencia que la depresión puede tener sobre él. La persona deprimida suele agotar al analista con su intensa auto-preocupación y necesidad de escapar de la pesada sensación de opresión y desesperanza. Además, es muy experto en sufrir recaídas ante cualquier signo de debilidad, agotamiento emocional o físico, enfermedad, o preocupación por parte del analista (Machtiger, 1995: 231). El pesimismo y el deseo de muerte del paciente pueden ser tan intensos que llegan a cegar al terapeuta y llevarlo a actuar descuidadamente, de manera que permita o provoque desenlaces inesperados (Fierz, 1991: p. 316).

Séptimo, es muy generalizada la convicción que tienen los pacientes deprimidos de que nadie ha sufrido nunca lo que ellos están sufriendo. Conviene que el psicoterapeuta pueda ver y hacer ver al paciente tanto la perspectiva individual como la colectiva de este sentimiento. Es comprensible que quien sufre una enfermedad tan difícil, evalúe personalmente la terrible manera en que está sufriendo. Pero es también de utilidad que el paciente sepa que ese sufrimiento que él cree que es único, tiene características comunes que todo especialista conoce, por lo que no existe una particularidad en la enfermedad (Fierz, 1991: p. 317). Es una experiencia humana tan universal que existen varios motivos arquetípicos que la representan, y es de gran ayuda para terapeuta y paciente, conocerlos.

MOTIVOS ARQUETÍPICOS

En psicología analítica, la psique se expresa a través de los símbolos, por lo cual se considera que la depresión debe ser comprendida y elaborada simbólicamente. En consecuencia, los psicoterapeutas junguianos centran buena parte de su intervención en el trabajo simbólico de las imágenes. Esta labor devela el sentido hacia el cual se dirige la transformación del individuo (Saiz et al, 2006: 152).

Si el analista se acerca a la depresión con una actitud simbólica, tratará de encontrar una metáfora para expresar la esencia del estado de ánimo de la persona deprimida. Por ejemplo, es posible que sienta que el paciente está bajo la influencia de alguna figura siniestra de senex (arquetipo del viejo), una personificación del planeta Saturno, que como en el simbolismo astrológico trae consigo una sensación de limitación repetitiva y una sensación de derrota. Esta imagen simboliza una actitud sana de introversión para aliviar y sanar el sufrimiento del paciente. Tal uso del simbolismo es siempre beneficioso, siempre y cuando el analista se base en el estado de ánimo real del paciente, su afecto, y sus imágenes oníricas, y evite imponer sus propias fantasías (Henderson, 1995: 18).

Un motivo arquetípico psicológicamente asociado con la depresión y con la pérdida de energía características del trastorno es el viaje nocturno por el mar. Ese viaje por lo general consiste en que un personaje importante del relato es devorado por un dragón, ballena o monstruo marino, y tradicionalmente, quienes deben sufrir estas experiencias suelen ser héroes. Otra variante del motivo es que el protagonista sea aprisionado, crucificado, desmembrado o raptado. En el lenguaje religioso, se habla a menudo de la noche oscura del alma. Ejemplos de este tipo de viajes son las historias de Jonás, Cristo, Ulises u Osiris.

Para Jung, este viaje por el mar:
es una especie de descenso al Hades y un viaje a la tierra de los fantasmas en algún lugar más allá de este mundo, más allá de la consciencia, es decir, una inmersión en el inconsciente (Jung, O. C. 16: par. 455).
Desde la psicología junguiana, estas leyendas se interpretan simbólicamente como representaciones del movimiento regresivo de la energía psíquica en un caso de depresión.

Dice Jung:
El héroe es el exponente simbólico del movimiento de la libido. La entrada dentro del dragón representa la dirección regresiva, y el viaje al Oriente (el “viaje nocturno por el mar”) con sus eventos concomitantes, simboliza el esfuerzo por adaptarse a las condiciones del mundo psíquico interno. La completa ingestión y desaparición del héroe en el estómago del dragón, representa un absoluto desinterés por el mundo externo. La derrota del monstruo desde adentro constituye el logro de la adaptación a las condiciones del mundo interno, y la salida (“escape”) del héroe del estómago del monstruo con la ayuda de un pájaro, cosa que ocurre al salir el sol, simboliza el reinicio de la progresión (Jung, O. C. 8: par. 68 ).
Los mitos sobre el viaje nocturno por el mar parecen derivarse del movimiento del sol, el cual, en el ocaso del día, deja de iluminar hacia afuera para hacerlo hacia su propio interior, y termina sumergiéndose en el mar, símbolo maternal, para llevar a cabo un viaje nocturno por las profundidades del mar hasta emerger renovado y brillante en la mañana del día siguiente.

La puesta del sol, análoga a la pérdida de energía en una depresión, es el preludio necesario para renacer. Purificado en las aguas sanadoras (el inconsciente), el sol (consciencia del ego) vive nuevamente” (Sharp, 1994: p. 209).

En todos esos temas simbólicos de la mitología que representan la depresión, hay un momento  de encierro, bien sea en una prisión o en la barriga de un monstruo, que es una especie de viaje a algún lugar más allá de este mundo y por supuesto más allá de la consciencia. Se trata de una inmersión en el inconsciente que se acompaña con la pérdida de energía característica de la neurosis. Sin embargo aparece siempre una liberación y un “renacimiento”, el cual constituye un símbolo particularmente fuerte. Su significado consiste en que el ser humano puede empezar luego una nueva vida. En otras palabras, a través del símbolo, estos temas representan un renacimiento psíquico. Cuando el héroe renace, por ejemplo cuando es arrojado de nuevo a la playa como en el caso de Jonás, significa que se ha resuelto el conflicto interno y que el obstáculo que impedía el movimiento progresivo de la energía ha sido eliminado y que las energías vitales han sido liberadas y pueden continuar su camino de progreso.

REFLEXIONES FINALES

En conclusión, se puede afirmar que en todos estos mitos se representan los dos momentos fundamentales de la depresión: en el primero, las energías vitales del individuo se retraen de la superficie de la vida hacia el inconsciente; segundo, se pueden recoger allí nuevas fuerzas que lo hacen regresar a la vida con una renovada vitalidad. Estas mismas etapas son las que atraviesan las personas deprimidas, alcanzando al final un renacimiento, siempre y cuando logren, al igual que el héroe, cumplir con todas las difíciles ordalías.

Recogiendo los principales aportes de la psicología junguiana mencionados en este documento, diríamos en primer lugar que la depresión es un trastorno que abarca en sus manifestaciones más graves una alteración total de la personalidad en sus diversas dimensiones. Por eso, aunque están implicados conflictos psicológicos y por eso es indispensable la psicoterapia, no se descarta el auxilio de la terapia farmacológica y la terapia ocupacional. Además, será siempre un apoyo fundamental la contención de familiares y amigos que ayuden además a neutralizar los pensamientos negativos inherentes al estado depresivo.

Pero, concretamente, los mayores aportes que ofrece la psicología analítica están en el marco referencial energético que permite la comprensión de las causas y finalidades de la depresión, y en especial su abordaje simbólico que posibilita una ampliación de la consciencia en el paciente. Sólo si el paciente puede elaborar simbólicamente sus vivencias, evitará que estas se organicen como estructuras depresivas, y por el contrario, logrará el restablecimiento de la dimensión integral de su existencia.

Uno de los principales síntomas de la depresión es el descenso del nivel mental que se vive de manera terriblemente desagradable en la vida consciente del paciente, perdiendo día a día el contacto con su medio ambiente. Sin embargo, ese sumergirse en el abismo interior a través del movimiento regresivo de la psique puede considerarse un período de recuperación que permite el encuentro con material inconsciente necesario, y la consecuente posibilidad de integración de esos contenidos.

La labor del terapeuta será acompañar al paciente en ese encuentro entre consciente e inconsciente, y una vez que se produce la conciliación con este último, el conflicto psíquico estará resuelto, y el movimiento progresivo podrá devolver al paciente a la superficie con nueva vitalidad, en una especie de renacimiento psíquico. La depresión habrá restablecido el equilibrio de la psique.

Se resalta la actitud de paciencia que debe tener el terapeuta en todo momento ante el proceso interno que se está desarrollando en el plano inconsciente del individuo, mientras que fomenta un trabajo activo en la interacción con el inconsciente. Se espera también que contagie al paciente de la certeza en el buen pronóstico de la depresión, teniendo en cuenta que constituye un proceso de transformación y de auto-curación de la psique. Este optimismo es característico del enfoque junguiano, el cual se basa en su convencimiento sobre la naturaleza positiva y creativa del inconsciente, tan diferente de otros enfoques que lo conciben como negativo.



REFERENCIAS

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